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Empiezan las navidades, a mi parecer, es la época más estúpida del año. Hombres que visten de rojo y portan un gran saco de caramelos a sus espaldas, – jo jo jo, papa noel ya esta aquí, para engañar a los niños y robarles sus ilusiones.
Es producto religioso, y los ateos también la celebran, viva la hipocresía!. Pasen y vean compren y regalen felicidad… ¿la felicidad se regala? – vamos señores! esta noria no se para nunca, y jamás habrán visto circo igual! ¡es la vida!
Acabo de ver un anuncio de esos que pretenden ayudar a los niños para que no se queden sin juguetes por estas fechas, típica imagen navideña de las que me repugnan, porque el resto de días del año, esos niños, POBRES, que no quieren juguetes sino COMIDA, ni comen, ni juegan, lo hacen únicamente en navidad, por eso la gente que los ayuda sólo se molesta en crear campañas navideñas, el resto de días, no importan.
La gente por la calle está contenta porque “es navidad” el resto de días no saben nada de su familia o amigos, sin embargo la navidad hace que los recuerden.
Esa gente que pide ayuda en las calles día a día y no tienen respuesta de nadie más que las cuatro personas de siempre, llenan sus bolsillos en navidad gracias a que la gente necesita hacer obras de caridad para sentirse bien ¡vayan a ayudar a los albergues! ¡pasen la navidad con quienes no tienen nada! ¡dura hipocresía!, y no entro en el tema de la iglesia, porque cada día me parece más patético y todos sabemos de que va.
Estas fiestas me dan más que miedo, y me producen una tristeza inmensa, que no me cabe siquiera dentro. El año pasado ni salí de casa para cenar con mi familia, me sentía tan hipócrita haciéndolo…
Y no soy una infeliz, ni una aguafiestas, porque respiro felicidad y me gusta divertirme. Que no lo haga de la forma tradicional, esa que nos dirige a todos a través de la televisión, no significa lo contrario. Que cosas tiene la gente… a veces sí, me cuelgo la medalla de bichito raro, pero no os imaginais lo jodidamente bien que me sienta… porque no invento, abro los ojos, veo lo que pasa y me lastima, pero no cambia mi forma de pensar.
Algún día inventarán la manera de hacernos callar, mientras tanto: “que repugnante puede llegar a ser la vida! JA. JA. JA.”
